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Discurso de Josep Piqué en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU

Sumario: 19 de marzo de 2002: Discurso del Presidente del Consejo de la UE, Josep Piqué, en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU (Ginebra)

Sr. Presidente,

Me cabe el honor de dirigirme hoy a la Comisión de Derechos Humanos, en nombre de la Unión Europea. Los países asociados de Europa Central y Oriental así como los otros países asociados, Chipre, Malta y Turquía, han expresado su deseo de suscribir esta intervención.

Ante todo, deseo felicitar al Embajador Jakubowski por su elección como Presidente de la Comisión y desearle el mayor de los éxitos en su labor al frente de la misma. Quisiera asimismo agradecerle al Embajador Despouy la magnífica tarea desarrollada en el transcurso del último año.

Sr. Presidente,

La Unión Europea es consciente de la importancia y prestigio de este foro, que cada año se convierte en cita decisiva de cuantos velan por el respeto internacional de los derechos humanos, tanto los países miembros y observadores, como las ONG's y la propia Secretaría, encabezada por la Oficina de la Alta Comisionada, a cuya dedicación no quiero dejar de rendir tributo. Estas reuniones que ahora comienzan permiten realizar, gracias al esfuerzo de todos, una fructífera reflexión sobre los diversos problemas que se plantean en el terreno de los derechos humanos, propiciando la adopción de decisiones orientadas a la acción y al remedio de muchas carencias. En ese sentido, la Unión Europea trabajará para que se refuerce todo lo posible el papel de la Comisión y su capacidad de iniciativa y actuación. Instamos a los Estados miembros a que incrementen su compromiso y su cooperación con los mecanismos existentes, en particular con la propia Oficina de la Alta Comisionada y con los comités de expertos, y muy especialmente con los relatores y representantes especiales. Por nuestra parte, abordamos un año más las tareas de la Comisión con un espíritu de cooperación, y con el sincero compromiso de colaborar en la mejora de la situación de los derechos humanos en el mundo, conscientes del vínculo existente entre la paz y la estabilidad internacionales, por un lado, y el firme respeto a los derechos humanos en el plano interno, por otro.

Señor Presidente,

Podemos sentirnos todos orgullosos de la formidable evolución histórica experimentada por la codificación internacional de estos derechos desde la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 hasta hoy. Ello ha dado pié al nacimiento de un completo sistema de convenciones sobre los más variados aspectos, con sus correspondientes comités de expertos que examinan periódicamente el grado de cumplimiento al que nos hemos sometido los Estados parte. Sin embargo, pese al camino recorrido, numerosas carencias reclaman todavía nuestra atención. Ese mayor escrutinio, que deseamos siempre exigente y puntual, se corresponde de hecho con un mundo cada vez más globalizado y transparente, donde no solamente es más fácil comunicarse, intercambiar opiniones o comerciar, sino también abordar la defensa de los derechos básicos del ser humano.

La Unión Europea es plenamente consciente de que no puede limitarse a reclamar el cumplimiento universal de aquellos derechos civiles y políticos considerados clásicos por la generalidad de la comunidad internacional, como son la libertad de expresión o la libertad de religión y creencias. Es preciso también atender a toda una serie de derechos económicos y sociales, que están en la base misma de la evolución y del progreso de nuestras sociedades. Tal es el caso de la sanidad, la educación, el derecho al trabajo o el desarrollo de la propia cultura. La conquista de estos derechos es fundamental, y en ello todos debemos sentirnos comprometidos, ya que son indisociables de la dignidad humana y de las libertades que constituyen la piedra angular del Estado de Derecho. Ambos tipos de derechos son, en fin, no sólo universales, sino también indivisibles, ya que de nada serviría el progreso material del mundo mientras hubiera poblaciones enteras sometidas por la tiranía, miles de refugiados y desplazados, mujeres discriminadas en sus derechos, o ciudadanos perseguidos por sus ideales y por defender la democracia.

He aludido, Sr. Presidente, al carácter universal de estos derechos y querría ahora recalcar, precisamente en este foro, que la Unión Europea no pretende imponer sus propias pautas de comportamiento a otros países. Cuando hacemos referencia a aquellos derechos que hoy en día constituyen un acervo universal aceptado por todos en sus grandes líneas, no podemos olvidar, por un lado, que estos derechos vienen exigidos por la propia dignidad humana, y, por otro, que son vinculantes para todo aquel Estado que ha decidido libremente ser parte de los instrumentos convencionales a que antes hacía referencia y asumir las obligaciones concretas contenidas en ellos.

Por lo demás la Unión Europea, que ha hecho un enorme esfuerzo de institucionalización y puesta en práctica efectiva de estos derechos, no pretende sustraerse a las exigencias en la materia. La articulación de una política de solidaridad internacional con los más desfavorecidos, las dificultades en la integración de la población inmigrante, la eliminación efectiva de la intolerancia y de la xenofobia, son algunos de los retos a los que los europeos nos vemos confrontados.

Sr. Presidente,

En su momento, y más concretamente bajo el punto 9 de nuestro orden del día, la Unión Europea hará un análisis pormenorizado de las situaciones específicas de violaciones y carencias en el mundo, con la claridad y la transparencia que a todos nos resulta exigibles en este terreno.

No obstante, no quisiera dejar de aludir a una cuestión que preocupa tanto a la Unión Europea como al resto de la comunidad internacional: el terrorismo.

Todos los derechos humanos de alguna forma giran alrededor de un derecho básico, el derecho a la vida. Sin embargo no es infrecuente en nuestras sociedades que el fenómeno terrorista actúe con absoluto desprecio hacia esta elemental premisa.

La lacra del terrorismo no es nueva ni específica de una región o un país; sin embargo, los ataques execrables del pasado mes de septiembre, por su inhumana y extrema crueldad, han avivado la conciencia universal acerca de la necesidad de poner fin a este azote a través del esfuerzo concertado y firme de todos los miembros de la comunidad internacional. La lucha contra esta amenaza a la libertad de todos debe ser asumida sin reservas por todos para erradicar de nuestras sociedades este terrible fenómeno. Por lo demás, este combate debe llevarse a cabo dentro de un marco de pleno respeto a los derechos y libertades fundamentales en que se asienta el Estado de Derecho. No existe otro modo de hacer prevalecer los valores democráticos que deben fundar la convivencia pacífica en nuestras sociedades. Y desde luego, no se puede otorgar al terrorismo la victoria de hacernos abdicar de nuestros principios y valores asumiendo su propia y perversa lógica.

Sr. Presidente,

Me he referido antes a un mundo más interrelacionado y globalizado, y ello implica también, un mundo en el que la impunidad por las violaciones de los derechos humanos no debe prevalecer. Los regímenes autoritarios comienzan a dudar acerca de sus propias políticas de represión indiscriminada y sus crueles prácticas para derrotar a quienes luchan por la libertad y la dignidad de sus ciudadanos. La creación de tribunales especiales para los casos de Rwanda y de la antigua Yugoslavia, y la imputación judicial de antiguos dictadores, han sido pasos importantísimos en pro de la defensa y protección de los derechos humanos, que no deben ser considerados materia interna, al amparo de fronteras protegidas por el principio de la soberanía nacional. La creación y definitiva puesta en funcionamiento, esperemos que en breve plazo, de la Corte Penal Internacional, que ha venido siendo una de las prioridades de la acción exterior de la Unión Europea, será sin lugar a dudas un paso decisivo en esa dirección, que permitirá traspasar un nuevo umbral en esa institucionalización y reafirmación de los derechos humanos universales que hemos venido defendiendo.

Sr. Presidente,

Existen numerosos sectores desfavorecidos en el mundo, que siguen sufriendo discriminaciones, aún más dolorosas por tratarse de colectivos faltos de protección. Hace unos días hemos celebrado el Día Internacional de la Mujer, y debemos ser conscientes de lo mucho que queda aún por hacer, tanto en lo tocante a la no discriminación efectiva, objetivo por el que la propia Unión Europea se esfuerza diariamente, como en lo relativo al respeto básico de su dignidad y su libertad. Otro tanto podríamos decir, en cuanto a desprotección y fragilidad de la infancia. La Unión Europea confía en que la Asamblea General Extraordinaria sobre la Infancia que tendrá lugar en Nueva York, en mayo próximo, constituya un avance decisivo en este terreno, de la misma forma que esperamos que la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, que se celebrará el mes próximo en Madrid, suponga un progreso en la consolidación de los derechos y el bienestar de un grupo de población cada vez más numeroso, a menudo desprotegido y en condiciones precarias.

Sr. Presidente,

Existen dos cuestiones ya clásicas en el repertorio de temas analizados y discutidos anualmente por esta Comisión, a las que la Unión Europea concede una prioridad absoluta. Me refiero a la pena de muerte y a la tortura.

Consideramos la imposición de la pena de muerte como un tipo de castigo que entra en contradicción fundamental con la dignidad humana, y por ello nos seguiremos esforzando, en éste y en otros foros, para conseguir su abolición universal. Continuaremos igualmente luchando, allí donde no sea aún posible la abolición, al menos por la imposición de moratorias, así como por su no aplicación en casos extremos, como los de menores o personas disminuidas.

En cuanto a la tortura, hay que recordar cuantas veces sea necesario su prohibición incondicional y el hecho de que constituye una de las más odiosas e indignas violaciones de los derechos humanos, destinada a destruir, física y moralmente a la persona. En este terreno es preciso actuar preventivamente, de ahí la oportunidad histórica que este año se presenta para avanzar en esta dirección, al estar sometido a la consideración de la Comisión, tras muchos años de estudio y preparación, el Protocolo Facultativo a la Convención contra la Tortura, en el que se contempla, tal y como recomendó la Conferencia Mundial de Viena, un mecanismo de visitas preventivas. La Unión Europea considera que el proyecto elaborado bajo la dirección de la Presidenta-Relatora del Grupo de Trabajo, Sra.Odio-Benito, a cuyo liderazgo rendimos aquí homenaje, es un texto equilibrado, que debemos preservar.

Sr. Presidente,

La Comisión acaba de iniciar una vez más sus trabajos. La Unión Europea aspira a que éstos resulten fructíferos, y permitan, en un ambiente de cooperación y entendimiento, mejorar la situación de los derechos humanos en el mundo. Esa, y no la denuncia gratuita, es nuestra aspiración. Por ello no debemos ocultar los problemas sino resolverlos entre todos, para lo cual ofrecemos una vez más nuestro esfuerzo y voluntad de diálogo, en el convencimiento de que la labor conjunta nos permitirá aproximarnos a la realización de nuestros objetivos.

Muchas gracias.

  • Ref: PRES02-036EN
  • Fuente UE: Presidencia de la UE
  • Foro NU: Otros
  • Fecha: 19/3/2002


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